domingo, mayo 20, 2007

Cuando era mas Jóven


En estas últimas semanas ha habido algo que me ha tenido especialmente pensativo, no sé si sea algo natural, aunque yo siempre me he negado a creer en creencias, pero, aunque suene a cursilería o a nostalgia pueblerina he estado recordando mucho al pueblo donde nací y no es que antes estuviera peleado con los recuerdos de mi infancia, solo que ahora han acometido en mi mente con una claridad que nunca habían tenido, creo que hasta ahora, a 600 kilómetros y casi 5 años de distancia puedo comprender y valorar la infancia que me tocó vivir.

Ahí en "el pueblo" donde la vida cotidiana se funde de manera apenas perceptible pero implacable con la vida misma, donde lo simple es simple y lo complejo no existe, donde se vive un día a la vez y el futuro lejano es pasado mañana.

Pues como decía antes, los recuerdos de la infancia, o "los fantasmas de la infancia" como se ha dado en llamarles últimamente me has estado visitando como al Scrooge de Dickens, y creo que desde esta perspectiva actual he disfrutado mucho de eso, he revalorado los recuerdos agradables que algún día serán anécdotas con las que aburra a una bandada de niños que me dirán "Abuelo, esa ya la contaste !!" y porque no , me he reconciliado también con muchos recuerdos que guardaba con recelo y que hoy comprendo no eran más que pequeñeces que me impedían apreciar ese archivo muerto de mi infancia. Con cuanto gusto iría ahorita a comprarle a la "Nana Rosa" una coca "en bolsa" de esas de vidrio de 500 pesos o a comprar 100 pesos de chicles de bolita a la tienda de "Don Tolo" o por una caja de anzuelos con "Pablito" para irme a pescar con "el Foco", "El topo", "el Beto de la Ofelia" ( no sé porque al beto siempre se le decía con el nombre de su mamá) y toda la bola de "La Loma". O ir a robar guayabas y mangos de la huerta del Tata del "Chanate" (si nos cachaba nos cobraba dos pesos y nos dejaba sacar 2 cubetadas).

En fin, aquellos despreocupados días de llegar a la casa oscureciendo, muerto de hambre, cansado y lleno de mugre, listo para bañarme, cenar y ver Dragon Ball (el primero, que Z ni GT ni que nada), o las tortugas ninja (yo era Donatello).

A pesar de que en el fondo siempre entendí que esa vida era solo una transición y que llegaría el momento de irme a "buscarle la orilla al peso" como decía, y dice mi padre, creo que tuve una infancia que todavía tiene muchos gratos recuerdos que devolverme.

Hoy, todo aquello casi se me ocurre surrealista, pero sé que es parte de un pasado que esta ahí y que aunque pocas veces regrese siempre esta esperándome, igual, como si el tiempo se hubiera detenido, o como si estuviera esperando por los que lo abandonamos, quien sabe .

PD: La foto es desde la puerta de la cocina de la casa de mis padres.

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