
Sábado por la mañana, increíblemente no habías notado el paso de los días, hace ya dos semanas que habías tomado la decisión de visitar a los padres de Sonia -los padres de Sonia, así es como los has llamado desde la muerte de ella porque ya no podrían seguir siendo tus suegros, cosas extrañas e imprevistas de la vida, ¿no?- y en esas dos semanas no habías tenido un solo momento para poder realizarlo hasta hoy, y he aquí que estas conduciendo camino hacia allá, la mañana es clara, con ese toque idílico con que observamos el paisaje cuando nos sentimos en paz con nosotros mismos, es extraño, al principio creíste que sería difícil y doloroso reabrir esas páginas de un pasado que no querías remover, pero hoy sorprendentemente notas una quietud que no creíste poseer, ya son más de 20 minutos los que llevas conduciendo, atrás quedaron los últimos vestigios de cuidad y estas internado en la zona rural, ahí donde el tiempo transcurre más lento, como deteniéndose también a observar el paisaje, como metiéndose en la vida diaria, a su propio ritmo, lento e implacable.
A lo lejos observas el conjunto de casas, blancas, juntas, como si se hermanaran para no sentirse solas ante la inmensa e imponente campiña, reconoces el lugar, sientes esa sensación tan sutil que experimentamos cuando estamos llegando a casa, no sabes porque pero tu ritmo cardiaco se acelera cuando estacionas el auto frente al blanqueado pórtico, desciendes lentamente, volteando a tu alrededor y te encaminas hacia la entrada, subes los tres escalones que separan a manera de desnivel a la casa del suelo, levantas la vista para tocar el timbre y lo vez, si ahí esta tal y como la habías recordado, tienes frente a ti esa característica pared de piedra, la misma que aparece en la fotografía, la misma que habías recordado de algunos años atrás, podrá ser posible, o solo será una muy extraña coincidencia... Bueno, el punto es que ya estás aquí y muy pronto vas a averiguarlo, tocas el timbre dos veces antes de que una voz te responda desde el fondo, una voz conocida, es don Eduardo, quien ahora se aproxima para abrir la puerta.

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